Esta pérdida me ha hecho pensar que lo material es tan efímero como la puesta del Sol, del cenit al olvido; en cambio, la memoria se atesora en los rincones más oscuros del alma donde sólo la luz de los años los traen ante los ojos para inundarlos y lograr que, inconcientemente, una gota rodee la mejilla tal como el recuerdo rodea al corazón.
Esta mujer, quien no ha tenido en su vida hijos biológicos, supo ser la mejor madre, educadora y dulce, de montones de argentinos y hasta de algún extranjero; todos nosotros, por medio de su poema hecho canción, supimos conocerla. Hoy, María Elena Walsh, ha decidido escribir con estrellas su nombre en el cielo del "país del no me acuerdo".
Sin importar edad, sexo o religión, es posible reconocer a esta autora de poemas, canciones, obras de teatro, y toda forma que pueda cobrar el arte a una mujer comprometida, audaz, solidaria, encantadora y humorista. Es difícil para mí pensar que una persona que con dichas características haya estado prohibida en una época oscura de la historia argentina, ¿cuán peligrosas pudieron ser sus palabras que sonaron subversivas? ¿No será, acaso, que el miedo y la ignorancia no les dejaron comprender la ironía de sus versos? Hoy quiero decirle a esta gran figura femenina de mi Argentina que tenía razón, ellos eran los "ladrones de nuestra imaginación" pero, además, regalarle la tranquilidad de que no todo está perdido, aún quedamos muchos que sentimos vivir en el mundo del revés.
Y así, con un tono de idolatría te regalo en tu memoria, junto con mis palabras y recuerdos, una "flor celeste del jacarandá".
Agustina Gallo
10/01/2011
10/01/2011
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