viernes, 29 de abril de 2011

..América Bonita..

http://www.youtube.com/watch?v=CrTMSma0PbI&feature=related

América Bonita es una interpretación musical de la banda argentina "Arbolito" quien adopta su nombre por el aborígen ranquel que mato a Rawson, militar de alto rango que participó de la Campaña al Desierto.

En complemento de tan hermosa música un poema de Hernán Walter "El churqui" Choquevilca, poeta coya quien no ha tenido gran difusión pero merece ser reconocido como un excelente ser humano.

CUANDO ME FUI
Con mis manos gastadas de mendigo
me alejé de tus pasos sin retorno.
Iba hacia el sud, desnudo de palomas,
con un sol de maíz sobre los hombros.
Bajo mis pies el vientre de la tierra
era un largo horizonte de sonrojos.
Me empujaban los pájaros del viento,
el herrumbre infinito del otoño.
Iba solo de nombres de mujeres.
Iba envuelto en harapos majestuosos.
Quizás buscaba la luz que me negaron
en el sol terminal del territorio.
Dejaba el clima del hombre sedentario.
¡Era austral la derrota de mis ojos!
Llevaba un dios pagano en las alforjas
y la herencia de América en el rostro
.
Cruce el rió divisor de latitudes
sobre el relincho espeso de los potros.
Allá lejos un cielo ultramarino
Limitaba el espejo de mi asombro.
Atravesé las urbes de la tierra,
la igualdad vertical del equinoccio.
A mis ojos la luz de las ciudades
eran selvas de enjambres luminosos.
Cuando extendí mis dedos alfareros
para entibiar mí sangre en los rescoldos,
un abrazo centrífugo de asfalto
me arrastró en un tumulto pegajoso.
La vorágine gris del mecanismo
reclamaba un esfuerzo poderoso:
dejar el alma detrás de los suburbios
y guardar el rebaño de los lobos.
Reconquistar el sol, las libertades;
Fue regresar en sueños al otoño
Recuperar mi credo americano
Fue reunir en silencio mis despojos,
decir adiós al hombre programado
y perderme en los cielos anchurosos
.

jueves, 28 de abril de 2011

..Los Que No Son..

Ellos, los que no son, los que no sienten, los que no comen, los que no estudian, los que no merecen vivir. Esos que solemos conocer como el futuro de nuestra nación. Sí, hablo de esos chicos que no tienen más que la dudosa certeza de que viven. De que son argentinos.
Su rutina consiste en calzarse las zapatillas rotas del hermano mayor, el buzo agujereado de la vecina del tío del padre, que dicho sea de paso, está preso. Realidad suficiente para salir desde temprano a la calle a ganarse el mango y las migajas de algún pan que entretendrá a la bestia del hambre. Tal es así que los paisajes de las ciudades se tiñen de cabecitas suplicando.
Y siempre está ese hombre regordete en algún tren, con su traje y el maletín cargado de prejuicios y valores despojados de moral; que en un ludibrio pregunta: ¿Por qué no estas en la escuela, pibe? ¿Tu vieja te manda a laburar para comprarse droga? ¿Vos sos mi futuro? A las que el chico no responde más que con unos ojos vidriosos que traspasan la carne y te miran el alma suplicando… ¿Suplicando una moneda? ¿Suplicando pan? No. Suplicando ser.

Agustina Gallo
19/04/2011

¿Existen los EX combatientes?

Rubén Cejas, hombre bajo, morocho, de ojos oscuros; como su pasado. Ellos nunca te miran, apuntan a un horizonte lejano desde donde hace algunas décadas habían llegado barcos cargados de muerte envasada en fusiles y dolor en forma de balas. Los ojos son la imagen más sincera, y aún me parece ver en los de Rubén Cejas, el miedo. No miran, no ven, no pueden olvidar, no quieren ser olvidados.

¿Cómo habrá sido el momento en que llego en un sobre el frío más frío que se pueda sentir? Unas pocas letras que escribían con sangre su camino, que traían en cada palabra la angustia, la ignorancia, la pérdida. Él fue despojado de su juventud, una madre de su hijo, y un destino de su libertad.
Si su regreso fue el esperado sólo él puede saberlo, pero me pregunto si ¿aún sentirá el viento de la Isla Soledad rompiendo sobre su rostro? ¿O escuchará en el silencio el sórdido ruido de las bombas? ¿Recordará los nombres de los amigos caídos? ¿Se creerá un héroe de las Malvinas? 
Sus cabellos blancos delatan que el tiempo ha pasado, pero ¿lo hemos pisado?

Esas pupilas que vieron la muerte en los ojos de algún soldado herido hoy me miran y me piden que de VIDA.


Agustina Gallo
22/02/2011

..Se marchó un poquito caminando y otro poquitito a pie..

    Hoy se nos fue a todos los argentinos una grande: María Elena Walsh. No me dijo adiós, no me pidió una gran ceremonia ni me dejó su testamento, pero me entregó en forma de melodía una pregunta: ¿Quién gobernará de ahora en más el "reino del revés"? ¿Acaso lo hará la "reina batata"?


    Esta pérdida me ha hecho pensar que lo material es tan efímero como la puesta del Sol, del cenit al olvido; en cambio, la memoria se atesora en los rincones más oscuros del alma donde sólo la luz de los años los traen ante los ojos para inundarlos y lograr que, inconcientemente, una gota rodee la mejilla tal como el recuerdo rodea al corazón.
Esta mujer, quien no ha tenido en su vida hijos biológicos, supo ser la mejor madre, educadora y dulce, de montones de argentinos y hasta de algún extranjero; todos nosotros, por medio de su poema hecho canción, supimos conocerla. Hoy, María Elena Walsh, ha decidido escribir con estrellas su nombre en el cielo del "país del no me acuerdo".


    Sin importar edad, sexo o religión, es posible reconocer a esta autora de poemas, canciones, obras de teatro, y toda forma que pueda cobrar el arte a una mujer comprometida, audaz, solidaria, encantadora y humorista. Es difícil para mí pensar que una persona que con dichas características haya estado prohibida en una época oscura de la historia argentina, ¿cuán peligrosas pudieron ser sus palabras que sonaron subversivas? ¿No será, acaso, que el miedo y la ignorancia no les dejaron comprender la ironía de sus versos? Hoy quiero decirle a esta gran figura femenina de mi Argentina que tenía razón, ellos eran los "ladrones de nuestra imaginación" pero, además, regalarle la tranquilidad de que no todo está perdido, aún quedamos muchos que sentimos vivir en el mundo del revés.


    Y así, con un tono de idolatría te regalo en tu memoria, junto con mis palabras y recuerdos, una "flor celeste del jacarandá".


Agustina Gallo
10/01/2011

..200 años y la misma pregunta: ¿La libertad, cura o enferma?..

Los lápices: ¿Siguen escribiendo? Es una duda persistente en la cabeza de los que, me incluyo, nos sentimos identificados con esos jóvenes cuyos nombres aún resuenan en los recuerdos familiares de un futuro que no fue, en pasillos de una vieja universidad, en las reiteradas protestas de las Abuelas de Plaza de Mayo, en los libros y películas, en las nuevas voces; esos mismos jóvenes que por ironía del destino, son los llamados “desaparecidos”.

Aquella noche del 16 de septiembre de 1976 marcó un antes y un después en la UES, la Unión de Estudiantes Secundarios, que una década antes habían luchado por el boleto estudiantil que reducía el pago del transporte público utilizado por los alumnos para concurrir a los establecimientos educativos. El plan de los brotes del “semillero subversivo” denominado así por Ramón Camps, Jefe de la Policía Bonaerense, era reconquistar aquel merecido derecho que había sido anulado por el gobierno de facto que instauró una dictadura militar en Argentina allá por la década del ’70. Muchos de los desaparecidos aquella noche prescindían del boleto estudiantil, dado que su posición económica era buena, pero el hecho de ayudar era un placer, no una obligación. No debe entenderse esto como pelear por pelear, sino como un acto de solidaridad, uno de esos que por estos años no acostumbramos a ver y, en menor medida, a realizar. Fue así que muchos adolescentes se lanzaron a jugar un juego muy distinto al que ellos recordarían de sus infancias, donde las armas ya no eran de juguete y las cosas, aunque muchos lo nieguen, ocurrían.

La libertad ha sido siempre anzuelo de los peces más jóvenes. De no serlo, el filósofo José Ingenieros vaticinó que la “juventud que no embiste es peso muerto para el desarrollo de su pueblo.” Mi preocupación: ¿Qué hacemos los jóvenes hoy, 2010, año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, que denote ambición de cambio? ¿Acaso nos atormenta la idea de un mundo mejor? ¿Preferimos la comodidad al compromiso?
No quisiera estar en el lugar del sobreviviente de esa oscura noche de la historia argentina, Pablo Díaz, quien imagino debe pensar que no ha concretado el sueño de sus compañeros, que no ha podido cumplir la promesa de nunca olvidarlos. Considero que la libertad no es una patología, sino más bien la cura a muchos de nuestros tormentos. Es así que el tiempo sanó las heridas, pero dejó las cicatrices cual recordatorio de los ideales que los condujeron a ser santos para unos y pecadores para otros. “El que esté libre de pecados que tire la primera piedra” dice la Santa Biblia; dudo que Dios esté de acuerdo con la clasificación.

Siento tristeza al escuchar las sabias letras de Charly García y sus dinosaurios que desaparecerían, porque la realidad muestra un paisaje donde lo que aún no aparece es la manera de luchar sin necesidad de violencia, de triunfar sin utilizar la mentira, de vivir teniendo un ideal.
Muchas veces confundimos a los héroes con los victoriosos, ¿Quiénes son los vencedores y quiénes los vencidos? Claro está que la respuesta dependerá de nuestros valores morales y de la parte del cuento que hayamos escuchado. Sin ir más lejos, los héroes de las queridas Malvinas no fueron los soldados que obtuvieron el título de ganadores de una batalla, sino los hombres que dieron hasta su vida por dos colores que poco tiempo antes habían pintado en banderas de actos escolares, donde la palabra “guerra” sólo figuraba en los libros.
Qué estrecha la línea entre el bien y el mal, el amor y el odio, la vida y la muerte. Jóvenes como éstos nos demuestran que la victoria es morir de pie cuando el mundo está de rodillas.

Concluyendo con mi intento de recordar lo que pocos se animan a conocer quiero decir que creo que aquellas voces siguen vivas, hablan desde el silencio por medio de mis palabras, de los ojos que me leen, de los actos que hagamos en sus nombres. Adolescentes del hoy, adultos del mañana: No al rencor, sí a la memoria.

Agustina Gallo